Microgordofobias, los prejuicios sutiles contra los kilos de más

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Asociar sobrepeso u obesidad al fracaso personal o al bajo rendimiento laboral son algunos de los prejuicios más extendidos

Ansiedad, depresión y TCA son los problemas más frecuentes en las víctimas de este sesgo de normatividad corporal
Según un informe del Banco Mundial, desde 2016 América Latina registra que 6 de cada 10 adultos son obesos, y al menos 4 de cada 10 mujeres y más de 3 de cada 10 hombres mayores de 20 años tienen sobrepeso. Los datos sobre el exceso de peso asociado a la salud física son abundantes. Sin embargo, no hay tanta información en lo que compete a la salud mental. Una persona con kilos de más corre el peligro de “sentirse menos válida y, por tanto, menos merecedora de afecto, oportunidades o respeto“, explica Amalia Gordóvil Merino, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Por gordofobia se entiende el sesgo que se aplica a las personas que no entran en los estándares sociales de normatividad corporal. Es un término que se acuñó en 1984 a raíz de un estudio llevado a cabo en Estados Unidos y publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de este país. Desde este 2022, el hasta ahora conocido como Día Mundial de la Lucha contra la Obesidad ha pasado a denominarse Día Mundial contra la Gordofobia. Entre otras cosas, porque el sobrepeso afecta no solo al cuerpo, sino también a la mente. Sin embargo, como en cualquier sesgo, bajo las formas de rechazo más evidentes, se encuentra el caldo de cultivo que sustenta la gordofobia con prácticas socialmente legitimadas: las microgordofobias.

Prejuicios en torno a estar gordo: las microgordofobias

En primer lugar, encontramos los insultos, el acoso, la dificultad para relacionarse o los problemas mentales derivados del estigma que conlleva el sobrepeso. Pero, además, las personas con sobrepeso se enfrentan también a sutiles signos de gordofobia, lo que podríamos llamar microgordofobias. Amalia Gordóvil y Ferran Giménez, sociólogo y profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, citan algunos de los prejuicios más extendidos:

  • Las personas obesas no resultan atractivas.
  • No tienen una vida sexual activa.
  • No tienen éxito en lo personal o en lo laboral.
  • Todos los que tienen sobrepeso se alimentan mal o tienen malos hábitos de salud.
  • Son vagos y no se esfuerzan.
  • Están así porque quieren.
  • La propia palabra gordo o gorda tiene un tinte peyorativo: no es una característica, sino un insulto.
  • En los hombres, ser gordo se asocia a ser gracioso; en las mujeres, está asociado a ser mala.

En las redes sociales es común ver a gente afirmando que una mujer con kilos de más en bikini dentro de una campaña publicitaria fomenta la obesidad. Si aparece una pareja en la que un miembro tiene un cuerpo normativo y el otro tiene sobrepeso, los comentarios se dirigen hacia las habilidades ocultas o la arrolladora personalidad de quien no cumple los estándares de belleza. Aunque empieza a haber movimientos de concienciación social, aún vivimos en una sociedad que promueve un patrón único de belleza “en el que parece que la única manera de encajar socialmente es teniendo un cuerpo normativo”, indica Amalia Gordóvil.

Depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria

Quienes padecen sobrepeso u obesidad pueden desarrollar sintomatología ansiosa y un bajo estado de ánimo “que puede desembocar en un trastorno depresivo y en un trastorno alimentario, entre otras patologías psiquiátricas”, añade Gordóvil. “No somos conscientes del sufrimiento que todos estos prejuicios pueden ocasionarles”, afirma la experta.

“En la sociedad liberal occidental, una persona obesa no se corresponde con el modelo de sujeto de explotación y del rendimiento”, explica Ferran Giménez. El concepto de sujeto del rendimiento, acuñado por el filósofo coreano Byung-Chul Han, conecta con la idea de que no somos sujetos libres, sino que determinados estándares (trabajo, salud y consumismo) nos esclavizan en una sociedad mercantilista e individualista como la nuestra. “Los gimnasios, la ropa o los superalimentos forman parte de una gran parafernalia dirigida a que seamos sujetos de consumo. La presión estética es enorme y quienes no se ajustan a este modelo son inmediatamente señalados“, añade Giménez. “Los menores son un reflejo del mundo que los rodea, tanto de sus referentes más cercanos como de los medios de comunicación y de la sociedad de consumo en general. De pequeños, solo juegan con muñecas hiperdelgadas porque no existen muñecas con sobrepeso; en las películas, si hay un personaje gordo, encarna prototipos de malo o de payaso, lo que les hace asumir que ser gordo es una condición indeseable y reprobable”, afirma Amalia Gordóvil.

La adolescencia, una etapa crítica

Aunque, como indica Gordóvil, hay “personas muy resilientes o que han hecho un buen trabajo para sobrevivir a tales injusticias”, la adolescencia es un periodo crítico en lo que a gordofobia se refiere. Por una parte, los adolescentes con sobrepeso “se sienten cuestionados en cuanto a sus hábitos de consumo, algo que interiorizan y que ataca a su autoestima y confianza”, comenta Giménez. Por otra, la necesidad de pertenencia al grupo —tan necesaria en este tramo de edad—, sumada a la continua exposición en redes sociales, hace que la gordofobia lo impregne todo y las consecuencias puedan ir desde apartarse de esos jóvenes hasta hacerles la vida imposible en WhatsApp o Instagram. “Un niño o un adolescente puede insultar a una persona gorda, si así lo ha escuchado en casa o en su serie favorita. Y los que no lo hagan quizá optarán por alejarse de la persona gorda de la clase para que no los relacionen con ella“, incide Gordóvil.

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